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Un abanico de mediados del siglo XX como Pieza del Mes de agosto

Todavía estamos en verano y nos queda tiempo caluroso por delante. Para protegernos confortablemente de ello, el aire acondicionado es una solución moderna y muy efectiva, pero cuando estos aparatos no existían, nuestras abuelas y madres tenían que apañárselas para soportar el calor de la mejor manera posible, para ello empleaban un artilugio con el que se daban aire; efectivamente, estamos hablando del abanico.

Introducido en Europa por los portugueses en el siglo XVI, el abanico tal como lo conocemos hoy en día es uno de los utensilios que ha acompañado a la mujer a lo largo de los siglos, convirtiéndose en un complemente imprescindible de la moda femenina, además de servir como un sofisticado instrumento de comunicación.

Catalina de Médici hizo popular este artilugio en Francia a raíz de su matrimonio con el rey Enrique II de Francia. Tras la muerte de la reina, su hijo Enrique III lo puso de moda como utensilio que servía para refrescarse, a la vez que en la Corte ya se veía como un objeto de prestigio. A lo largo del siglo XVI y buena parte del XVII, Francia desbancó a Venecia en la producción de abanicos rígidos.

En el siglo XVIII, el artista francés Eugenio Prost, instalado en España bajo la protección del Conde de Floridablanca, se convirtió en el mayor productor de abanicos, superando a Italia y Francia. El abanico se usaba en cualquier evento al que concurrieran un gran número de personas y acabó convirtiéndose en un imprescindible.

El abanico seleccionado como Pieza del Mes de Agosto de 2022 fue donado a este Museo por doña Carmen Romero de la Cruz, a quien este Ayuntamiento expresa su agradecimiento. Está compuesto por quince varillas de plástico en color crudo, ornamentadas con ojales interiores y pintadas con motivos vegetales en tonos dorados; de ellas, tres están deterioradas y unidas para su mejor conservación. Tiene unas medidas aproximadas de 24 cm cada varilla y 43 cm de extremo a extremo abierto.  La tela que une las varillas es de organza, decorada en motivos florales, con pedrería y ribete de puntilla. Probablemente fue utilizado como complemento indispensable en el vestuario femenino para eventos sociales durante los años 40 y 50 del siglo XX.


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